lunes, 24 de enero de 2011
Temporada 2011 (Segunda De Abono)
Toros de Ernesto Gutierrez engalanaron la colorida tarde de la máxima plaza taurina de Sudamérica. Con un lleno "hasta las banderas" salieron al paseillo el torero colombiano (nacido en Panamá) Luis Bolívar, seguido por el nieto de Dominguín, el hijo Paquirri, el sobrino de Curro, el señor Cayetano Rivera y rematando la terna de matadores, el rejoneador mas importante del momento, Pablo Hermoso de Mendoza.
Un paseillo colorido, con caballos, con matadores de a pie, con subalternos, con gente en los tendidos y en las torres, con un sol canicular y con todas la expectativas puestas en un encierro que pintaba bien, con trapío y con peso.
Luis Bolívar empezó su tarde con un toro manso, falto de casta y peligroso. Con unas "verónicas" y unos remates de "chicuelinas", el toro es llevado al caballo de manera majestuosa para una buena vara. Flojos pares de banderillas, brindis al publico e inmediatamente a la muleta. Derechazos rematados con trincherazos, naturales con remates de pecho, y un toro que no era nada, de repente se convierte en un buen toro y suena la música en el coso de Bogotá. Eso es lo que logran hacer los grandes toreros, y no nos llamemos a errores, Bolívar está dentro de los grandes y con pinta de no soltarse de ese sitial. Estocada "hasta la empuñadura" y una oreja merecida.
En el segundo entró a morir. A cortar las 2 orejas, a salir por la puerta grande. "Cacerinas" y "verónicas" llevan al toro al caballo. Flojas banderillas, brindis a Daniel Samper Pizano y de nuevo al centro del ruedo. Citando desde ahí como los grandes. El toro le corre, lo mira y se va por el engaño (toro noble), luego derechazos largos y profundos, después naturales aun mas largos y mas sentidos. El toro con casta y el torero con valor. El toro con bravura y el torero comprometido. La música y los oles en los tendidos. Aplausos y el momento de la verdad. Bolívar de frente al toro. Falla y pierde sus orejas. Vuelta al ruedo y rabia en el corazón del torero. Una buena tarde para el colombiano. Aunque se va a pie.
A Cayetano le quedó grande la historia. Todos queremos ver a Dominguín o a Paquirri o al Curro o incluso a su hermano, pero nos encontramos con Cayetano. Aunque a decir verdad fue al que peor le fue en el sorteo: los dos más malos del lote le corresponden a él, pero de de nuevo pensamos, ¿para que están los grandes toreros sino para hacer buenos a los toros? Entonces Cayetano no es un grande. Pitos en el primero, pitos en el segundo y pitos a la salida. Muy poco para un torero que es una realidad en el viejo continente, pero apenas una promesa en América.
Todos vinimos a ver al mejor rejoneador del mundo con su mejor cuadra de caballos. Y vaya que no nos decepcionó. En su primero un faena de rejones que dejó ver la calidad de su cuadra de caballos, la calidad de su doma y lo valiente de sus caballos. Dos rejones, cuatro banderillas y un rejón de muerte que mató al toro en menos de 15 segundos. Una oreja bien otorgada en principio para una buena faena, pero el publico quería más y con sus pañuelos y sus gritos presionaron a la presidencia que, en un acto generoso más no justo, otorgó la segunda.
Y viene la apoteosis. El sexto de la tarde; mas de 500 kilos para un toro que no mostraba mas que su belleza y sus astas peligrosas. Pablo Hermoso mostró sus ganas de encantar al publico y lo logró con sus vueltas y sus quites, sacando el ole a los aficionados, toreando al estribo, mostrando los caballos a la jeta de los toros, yendo de frente y haciendo quiebres mortales. El toro que se quedaba a ratos pero ahí estaba un torero y la gente se dio cuenta de eso. En el tendido sonaba la música pero el grito de la gente era más fuerte: ¡TORERO, TORERO, TORERO!.
Banderillas a una sola mano; banderillas a dos manos; carrera de caballos lenta y armoniosa con el toro oliendo el vientre; saltos y saludos al respetable y la plaza se quería caer. El toro era malo pero el torero grande lo hizo bueno, y al momento de matarlo el "centauro" lo respeta y le da una muerte rápida. Dos orejas merecidicimas para uno grande que hará historia. Una vuelta al ruedo al bicho, no tan merecida, pero el publico quería agradecer a un buen semental una gran faena.
Pero viene lo que no debió suceder. Hace 56 años no se entregaba este trofeo, hace 56 años no se veía que el cuchillo del monosabio cortara el apéndice colgante y supongo que hace 56 años el rabo era mas merecido que el de la tarde del domingo en la Santamaría. Pero la gente lo quería, la gente lo gritaba, lo gente lo ovacionaba y a la presidencia, un poco despistada, olvidó que ese trofeo no lo entrega la gente.
Pablo Hermoso abrió la puerta grande con justicia y esta tarde de toros en la Santamaría quedará en el recuerdo de los 13000 aficionados que aun creemos que este es un arte "Hermoso".
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